Calero, entrenador del conjunto burgalés, al que no le conocía pero que cada vez me cae mejor y además me llegan prestigiosas referencias, no ha tenido más remedio que volver a meterse en el charco de diferenciar lo que es jugar bien al fútbol y hacerlo bonito. Se lo recuerdo yo: no, aquella Real no era la Holanda del ‘74.
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